LA SALIDA INGLESA Y EL BREXIT
No tienen los ingleses una constitución escrita, como la ecuatoriana de
Montecristi del 2008 o la estadounidense aprobada en Filadelfia hace más de dos
siglos. Lo que se denomina constitución inglesa es un conjunto de leyes
dispersas, documentos históricos y usos y costumbres de relevancia política y
estatal. Tan flexible es esa constitución que el parlamento la puede cambiar
cada vez que aprueba una ley.
Los 9 jueces de la Corte Suprema le han recordado al Primer Ministro Boris
Johnson que la Constitución inglesa resulta violada cuando se atenta contra la
soberanía del parlamento.
Por ello, la justicia le dejó sin piso a la decisión de Johnson de cerrar
el Parlamento hasta octubre, que la había adoptado aprovechándose de los recesos legislativos en curso y de los
compromisos de los parlamentarios con las asambleas de sus partidos, con el
propósito de evitar que se apruebe, en el cuerpo legislativo, el retraso de la
salida de Gran Bretaña de la Unión Europea. Si no existe prórroga, el Reino
Unido debería estar fuera de la UE el 31 de octubre. Cerrar temporalmente el
Parlamento fue una jugada maestra.
El acrónimo Brexit sintetiza, en una palabra, tal salida.
Johnson quiere que su país abandone Europa sin prórroga y sin
negociaciones, dentro de la operación Brexit duro, que tendrá costos para la
isla y el continente. Por lo pronto, Irlanda del Norte, Escocia y Gales, que
forman parte de Gran Bretaña con Inglaterra, se oponen abiertamente a la salida
y han anunciado que podrían aprovechar el Brexit para separarse del Reino Unido.
Golpeado por la sentencia de la Corte Suprema, el conservador Johnson, que
tiene la primera opción electoral, ha encontrado otro camino para su propósito:
ir a elecciones en octubre, siendo él
mismo quien provoque la caída de su gobierno con una moción de autocensura.
Sólo necesita que los votos de sus enemigos se sumen a su moción y le ayuden a
caerse del gobierno.
Hace cuatro décadas, el plan socialista del político inglés Michael Foot
fue calificado por un colega parlamentario como “la nota de suicidio más larga
de la historia” por contener propuestas banales y meros gestos y amagues. El
Brexit duro de Johnson sería, por el contrario, la nota de suicidio más corta
de la historia inglesa, gracias a una propuesta audaz y a acciones incontrolables.
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