CPCCS, PADRE TUAREZ Y CONVENTO
DEL REMOLINO DEL CPCCS AL CONVENTO DEL
PADRE TUAREZ
En
un remolino de intereses y denuncias se están ahogando los sueños de viejo
corte bolivariano del padre Tuárez. Preside el Consejo de Participación
Ciudadana y Control Social (CPCCS), pero no manda. Solo, muy solo, entona el
himno chavista de la “espada de Bolívar”, sin coro que le acompañe. Y muy
amenazante, pero sin provocar miedo alguno, deja a los legisladores con la
palabra en la boca.
El organismo
que preside está condenado a desaparecer. Es ajeno a la tradición
constitucional ecuatoriana. Fue creado en la Constituyente del 2008 bajo la
inspiración del modelo de la Constitución bolivariana de Venezuela, con la
finalidad de estatizar la participación ciudadana y legitimar el control político de todas las instituciones
llamadas a vigilar al poder gobernante, como la Contraloría, las superintendencias
y, de pasada, también la justicia.
Lo
curioso es que ni siquiera Chávez llegó tan lejos con su Consejo Moral
Republicano, encargado de ejercer el Poder Ciudadano. En su Constitución de
1999 no le dieron competencias a ese Consejo para designar a las altas
autoridades de los órganos de control y de justicia. Los constituyentes de
Montecristi, en cambio, llegaron a donde no llegó el dictador venezolano, esto
es, a sustraerle todas las competencias de designación al órgano legislativo en
beneficio del CPCCS.
En
la Consulta del 2018, el Presidente Moreno agravó el problema. El cambio
constitucional que propuso fortaleció las competencias del CPCCC y les dio a
sus integrantes origen democrático, con su elección directa en las urnas. Gran
parte de lo que ocurre ahora con esa Institución es responsabilidad
presidencial. El único acierto en la Consulta fue la creación del CPCCS Transitorio.
Ya
elegidos en las urnas los vocales del CPCCS, poco antes de que se posesionaran,
la Corte Constitucional interpretó la Constitución, con Sentencia No.
2-19-IC-19 (7/5/2019), y le colocó una camisa de fuerza al CPCCS Definitivo que
preside el Padre Tuárez, prohibiéndole que revise las actuaciones y
designaciones efectuadas por el CPCCS Transitorio liderado por Julio César
Trujillo.
El argumento
para tal prohibición fue el de que el CPCCS Transitorio cumplió funciones excepcionales depuradoras de la
corrupción en una etapa extraordinaria de la democracia. El ejercicio de esas
competencias extraordinarias terminó,
para siempre, el día en el que inicio sus funciones ordinarias el CPCCS Definitivo.
En
el CPCCS están políticos con disfraz ciudadano. Tienen agenda política
encubierta. Es un eufemismo decir que este organismo es ciudadano porque
ninguno de los elegidos es político con trayectoria, cara y membrete políticos.
El padre Tuárez es el vivo ejemplo del político. Es un error considerarlo como
vocero puro de la ciudadanía.
Cuando
asumió la presidencia del CPCCS había expectativa sobre lo que podía hacer para
liberarle al organismo de la camisa de fuerza que le colocó la CC con la sentencia
interpretativa. Se mostraba capaz y decidido. Al final, sin embargo, fue
absorbido por las denuncias en su contra y la división en bandos dentro del
organismo.
Si
el padre Tuárez va a medir fuerzas con el grupo gobernante que quiso condenarle
al ostracismo, deberá poner a prueba la solidez de la sentencia interpretativa
de la CC. Varias voces autorizadas sostienen que el CPCCS Definitivo sí tiene
competencias revisoras sobre las designaciones hechas por el CPCCS Transitorio,
de haber causales de nulidad.
El
juicio político podría ser el salvavidas que le rescate del remolino al padre Tuárez.
Los 70 votos necesarios para censurarlo, por incumplimiento de funciones, le permitirán retornar pronto al convento, a
su hogar religioso, con el único riesgo que el director espiritual del claustro,
el nada reposado padre Cabrejas, no le
quiera recibir, como él mismo dijo, por
haber “entregado el alma al diablo”, y sabiendo, en palabras de Shakespeare, que
“el infierno está vacío porque los demonios están entre nosotros”.
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